Lejos, muy lejos, quedan aquellos tiempos en los que solo aquellas mujeres que no habían podido emprender una carrera como modelo profesional se lanzaban a la atrevida idea de conocer mundo enrolándose en alguna línea aérea para convertirse en tripulante de vuelo o azafata.

Por suerte mucho han cambiado las cosas desde mediados del pasado siglo cuando apenas unos pocos adinerados, empresarios o diplomáticos ocupaban las plazas de aparatos mucho más pequeños y rudimentarios de los que ahora alzan el vuelo en miles de ciudades del mundo a cada segundo.

Una época en la que ya era azafata Bette Nash, la azafata más longeva del mundo y quien a sus 82 años sigue subiéndose los aviones para hacer los viajes lo más cómodo posible a los pasajeros de los vuelos de American Airlines en los que la colocan para seguir prolongando la que es, sin duda alguna, la carrera de azafata más larga de la historia.

Nada más y nada menos que sesenta años después de subirse a un avión por primera vez, Bette Nash sigue trabajando una vez a la semana. Lo hace para cubrir la ruta que une a las ciudades estadounidenses de Boston y la capital del país, Washington DC, para sorpresa de muchos de sus “clientes”.

Tanto es así que muchos de ellos, según apuntan varios medios que han querido acercarse su caso, no dudan a la hora de pedir una foto con la que es historia de la aviación civil y por supuesto de una empresa, American Airlines, que por ahora no tiene ninguna intención de forzar su jubilación y mandarla a casa con sus hijos y nietos mientras ella no quiera hacerlo.

Bette Nash, historia de la aviación comercial y poseedora de varios récords

Algo que, según esta ha comentado, podría producirse en unos cinco o seis años, ya que no se ve con noventa años subiendo a aviones cada semana. Tampoco sabe, indica, si la compañía decidirá hacerlo antes en el caso de que vea que no puede seguir el ritmo de sus compañeros. Algo que por ahora, y viendo su capacidad motora mucho menos, no entra en los planes de la aerolínea norteamericana.

Y es que, a diferencia de lo que ocurre con los pilotos comerciales, que a los 65 años deben abandonar su actividad de pilotos por ley, los tripulantes de cabina no están sometidos a ningunos límites de edad, como por otro lado parece evidente conociendo el caso de Bette Nash. Pese a no poseer la fuerza de sus compañeros, no hay nada que esta no pueda hacer.

Si tienen intención de recibir el cordial saludo y ver la diligencia con la que se maneja la azafata más mayor del mundo ya lo saben, deben comprar algún pasaje de ida y vuelta entre la capital de Nueva Inglaterra y la del país estadounidense. Allí, si no le tocan vacaciones o se encuentra indispuesta encontrarán a la gran Bette Nash, todo un ejemplo de que la edad no siempre es un impedimento para seguir haciendo vida normal hasta muy adelante.