Una de las obsesiones del sector marketing y publicidad es conseguir conectar con el target correspondiente a cada ocasión. Ya no basta con comunicar, el objetivo es hacer llegar el mensaje que queremos en la forma en la que el consumidor se sienta más atraído, en sus canales y tratando de generar un interés que vaya más allá del impulso del momento tras conectar con el impacto publicitario.

Eso por eso que no faltan estudios sobre las mejores maneras de atraer la atención y conseguir la atracción de los posibles compradores de servicios o productos. Algo que podemos resumir a través de seis preguntas:

La primera de ellas bien podría ser cuál es nuestra relación actual con el cliente y si se limita a ofrecerle un buen producto o servicio a un buen precio y a recaudar su dinero. Si la respuesta es “sí” o “no mucho más allá” ya tenemos faena por delante. Es por eso que todo proyecto empresarial de éxito debe ir acompañado de un valor añadido que vaya más allá de la propia compra. Una relación más “humana” con nuestros clientes ecommerce o una atención al cliente de calidad siguiendo el proceso de llegada de compra e incluso más allá de esta puede cambiar la manera en la que somos percibidos.

Ya sea tanto a través de nuestro sitio web como de nuestras redes sociales, dicen los estudios que es importante, para establecer una relación lo más estrecha posible que no nos limitemos a hacer “spam” o hablar de lo que hacemos. Si sabemos que hay un sector que interesa a nuestro target vamos a tratar de ahondar en él, generar debate y todo lo relacionado con generar comunidad.

También debemos preguntarnos cómo de cercanos somos para nuestros clientes. Tener un buen servicio de atención al cliente, huyendo de robots, contestadores automáticos o mails que no admiten “reply” son cada vez peor vistos por los consumidores.

Relacionado con el punto interior otra de las cuestiones que tenemos que lanzarnos es si escuchamos o no nuestra clientela. A menudo son ellos los que advierten de posibles fallos, de retrasos en las entregas, de aquello que más les ha gustado o sorprendido de nuestro producto o servicio y, también, cómo podría ser mejor la experiencia y qué echan de menos en nuestro escaparate. Escucharlos, pues, resulta imprescindible.

Dicen que a una persona se le conoce en las malas. Es por eso que preguntarse cómo reaccionamos ante un error. Si somos capaces de dar soluciones rápidas, si nos hundimos al ver lo sucedido o si vemos tras el susto un aprendizaje nos ayudarán a hacer de nuestra empresa algo mucho más potente.

Todas estas preguntas igual que nos ayudan a definirnos para nosotros mismos nos pueden encaminar a una cuestión final sobre si estamos transmitiendo los valores de la marca que deseamos, si nuestro equipo es capaz de transmitirlos correctamente y si los lazos y conexiones con nuestra audiencia son, en definitiva, tal y como queríamos… y también como quisiéramos si fuéramos clientes.