A las faldas de la polémica que se levantó hace unos meses sobre la conveniencia o no del uso de azafatas en eventos deportivos masculinos, los comentarios y testimonios que se han venido levantando por parte de todos los agentes implicados en el sector de la publicidad y el marketing en general, y de la organización de eventos con azafatas en concreto.

Un sector que también se ha visto afectado por este asunto, aunque haya sido de refilón, es el aeronáutico, dado que aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, han aprovechando para sacar a relucir algunas de las cosas que también suceden, por desgracia, en el día a día de las tripulaciones de vuelo.

Uno de ellos es el mal conocido como “pies de azafata” y que está asociado a la mayoría de protocolos de uniformidad con los que tienen que lidiar muchas tripulaciones de vuelos de la mayoría de las aerolíneas que incluye, entre otras cosas, moverse por el aeropuerto con un tacón de entre 5 y 10 centímetros y trabajar dentro de la nave con uno que se mueva entre los tres y los cinco centímetros.

Situación que ha llevado a muchas de las más veteranas a tener que acudir al médico para tratarse distintas molestias de índole podológico como lo son los juanetes, las uñas, los callos, las durezas, cuando no problemas musculares o relacionados con las rodillas, teniendo que llegar a pasar por el quirófano en más de una ocasión.

Esta realidad, no obstante, no es nueva en el mundo de la aviación, tal y como recuerdan muchas de las azafatas de vuelo más veteranas, recordando que, en el sentido de la estética, o al menos en lo relacionado con el tacón, las cosas han cambiado poco en los últimos treinta años.

En este sentido, si bien la mayoría de aerolíneas han dejado de pedir fotos de cuerpo entero para poder acceder a la entrevista de trabajo, algunas de las aerolíneas españolas, además de las principales erradicadas en los Emiratos, todavía lo siguen haciendo, lo que es considerado como discriminatorio por parte de muchas de las candidatas.

Diferencias entre azafatas y azafatos de vuelo

Donde sí parecen haber cambiado las cosas, según estas azafatas de vuelo con más años a sus espaldas, es en el nivel de la formación, exigiéndose cada vez más títulos, cursos y certificados que avalen la preparación de todos y cada uno de los miembros de la tripulación de vuelo, profesionalizando una profesión que al principio estaba reservada a mujeres bellas y que ahora integra, mayoritariamente, a hombres y mujeres de muy distinto tipo y pelaje.

Es precisamente la diferencia de exigencias entre hombres y mujeres la que más ampollas y gritos de sexismo en el sector sigue levantando. Y es que, mientras a la mayoría de los hombres se limitan a advertir sobre los peinados y a pedirles que se afeiten cuando asoman los primeros pelos de la barba, a las mujeres se les llega a exigir que aterricen igual de maquilladas y perfectas que cuando salieron para evitar así un parte que te pueda condenar el futuro laboral.